10/01/2011

La televisión acabó con la 'estrella' del cine en los pueblos

Miguel, el pasado verano, posa con uno de sus  proyectores. Photo by Balka Reporter

Miguel, un proyeccionista de los de antes, resucita el cine con viejos proyectores que él mismo repara

Los pueblos se han quedado sin cines, la televisión acabó con ellos, y eso ocurrió hace ya muchos años. Ahora es prácticamente imposible ver una película en pantalla grande en cualquier 'village'. Nadie lo echa de menos, bueno sí, el DVD y la televisión cubren ese espacio; antes fue el video. Siempre me acuerdo de aquella película italiana ‘Cinema Paradiso' de Guisuppe Tornatore, un retrato sentimental de la Italia de la posguerra y una declaración de amor al cine; y en estos tiempos que corren o han corrido, los cines terminan siendo absorbidos por la inercia de los nuevos comportamientos de los ciudadanos de estas pequeñas poblaciones, por el acoso del urbanismo que han tenido en estas décadas en el ladrillo, un enemigo; o por los locales de todo a 100...

Taller donde Miguel restaura las maquinas. Photo by Balka Reporter
Todavía recuerdo los dos cines que existían en mi pueblo, uno de ellos se resistió a caer. Al final los fotogramas acabaron en un bloque de pisos y algún local de hostelería, agencia de seguros, etc. El otro permanece asentado en la decadencia urbanística, existe pero como si no existiese. En fin, que siempre hay gente que además de gustarle el séptimo arte hace cosas maravillosas y pone su devoción-vocación al servicio de la causa, en este caso de sus convecinos.
Miguel lleva muchos años haciendo que aquellos desvalidos proyectores de todo tipo, anquilosados en el tiempo, sirvan para algo. Los restaura en su taller en el que hay de todo, pero sobre todo maquinaria para el celuloide que ya está pasando vertiginosamente como un efímero recuerdo en la memoria de los que vivieron en sus pueblos la vida de sueños ‘dreams’ (en inglés)…

Detalle de un proyector en el taller de Miguel. Photo by Balka Reporter
Si Miguel no estuviese atento a sus deseos, que le cuestan lo suyo, no podría proyectar todos los veranos un film en el barrio del pueblo leonés de Veguellina de Órbigo, además de compensar con una ración de sopas de ajo y una bebida a todo el que acude a ver la película. Su profesión, entre otras, ha sido y sigue siendo la de proyeccionista, ahora es también coleccionista. Y en su búsqueda de la memoria cinematográfica viaja y recorre medio país para encontrar esa joya de maquina que más tarde él mismo se encarga de reparar y que logrará hacerla que funcione como si fuese un Charles Chaplin del cine mudo revisando los fotogramas.
Al final, la televisión acabó con la estrella del cine en los pueblos. ¡¡Resucitémoslo, Miguel ya lo hace!! (G.R.)


Un momento de la proyección al aire libre con público. Photo by Balka Reporter

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