3/23/2010

¿Serías más feliz si dedicases más tiempo a discutir del mundo y el sentido de la vida, y menos a hablar del tiempo?

La persona que tiene conversaciones profundas, según un estudio que revela la revista Pychological Science, es más feliz
¿Serías más feliz si dedicases más tiempo a discutir el estado del mundo y el sentido de la vida, y menos a hablar del tiempo?
La personas que se emplean a fondo en debates profundos y menos en participar en conversaciones superficiales parece ser que son más felices, según Matthias Mehl, psicólogo de la Universidad de Arizona y autor del informe.
Esta percepción es interesante, porque podría haber sido al contrario, “No te preocupes, sé feliz”, mientras navegas en el nivel superficial de la vida eres feliz, y si entras en la profundidad existencial serás infeliz”, dice en el estudio que sobre este tema publica la revista Psychological Science y del que se hace eco el New York Times.
Sin embargo, propuso que “conversar es la clave de la felicidad por dos razones principalmente: ambas están conducidas por los seres humanos que buscan y crean el significado de sus vidas, y son animales sociales que desean y necesitan comunicarse con sus congéneres”.
"Al participar en conversaciones significativas, se las arreglan para imponer sentido en un mundo de otro modo bastante caótico", dijo el Dr. Mehl. "Y las relaciones interpersonales, como encontramos este sentido, la vinculación con la pareja es interactiva, y sabemos que la relación interpersonal y la integración es una base fundamental de la felicidad".
La persona más feliz del estudio, basado en auto-informes sobre la satisfacción con la vida y la felicidad de otras medidas, así como informes de personas que conocían el tema, tenía el doble de conversaciones de fondo, y sólo un tercio de la cantidad de charla como el más infeliz. Casi todas las conversaciones de otros la persona más feliz - 45,9 por ciento de las conversaciones del día - eran de fondo, mientras que sólo el 21,8 por ciento de las conversaciones de la persona más infeliz eran profundas.
Fuente: Psychological Science/The New York Times