3/14/2009

Los cohetes de Floren



Había una vez un President, ese era un President y no otros, que quería crecer y crecer (léase autoestima) y que tuvo la gran idea de convertir todo lo que tocaba en au (símbolo químico del oro). Así que todo fue subiendo, su fortuna, su fama, sus amigos y enemigos; así hasta una larga lista de libros especializados en ‘crecimiento personal’. Todo Dios le hablaba de la autoestima. Tanto era así que comenzó a subir peldaños, con ascensores de muchos pisos, ya no sé cuantos pero muchos, y todo era lujo, e incluso hizo un hotel entre medias. Antes bien que se había preoucpado de vender y que le comprasen mejor. El deporte, amigo mío -le dijo alguien- tiene eso, puedes ganar o perder pero a la hora de la verdad te has instalado ya en el podium. Es la meta la que hay que defender, le dijo el portero del equipo que de vez en cuando lo paraba todo, pero lo que sirve es que te lleves la medalla de oro. En el fondo y en la forma Floren quería tocar lo más alto, llegar hasta las nubes, 'evolucionar', volar... Eso es un President le dijeron sus más íntimos y lo demás es cuento. Y eso es lo magnífico, dejó que se viese todo desde cualquier punto de la ciudad, de la comunidad, del espacio aéreo; todo un cúmulo de riquezas en medio de una gran manzana Neoyorkina pero en castizo y en crisis. Así que todo el mundo empezó a pensar que qué sería aquello con formas de cohetes espaciales! No haría falta, se adivinaba de una forma: es la teoría de la relación, el crecimiento personal, el estado de las cosas., respondió alguien. Ahí se quedó todo, nadie preguntó nada más, bueno sí, un mendigo que pasaba por allí y que se quiso liar con una limpiadora del hotel. No pudo el pobre, también la crisis le había afectado hasta tal punto que ni siquiera la pudo invitar a un café... Tampoco hizo falta hacer terapia ni ir al psiquiatra, con unos supositorios bastaba, como los de las torres... (Jeremías Johnson)

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