2/20/2009

El húmedo rastro de las lágrimas

Llorar está considerado como una liberación, un tónico psicológico y, para muchos, un indicio más profundo: el lenguaje de signos propio del corazón, la transpiración emocional que brota de la fuente de la humanidad común.

Por Benedit Carey/ The New York Times

Las lágrimas empapan el amor y las canciones de amor, las bodas y los funerales, los rituales públicos y el dolor privado, y puede que ningún estudio científico sea capaza de captar sus muchos significados.
“Lloro cuando me siento feliz, lloro cuando estoy triste, puedo llorar cuando estoy compartiendo algo que significa mucho para mi”, dice Nancy Ridley de 62 años, que trabaja en un centro de acogida en Tampa, Florida, “y, por alguna razón, a veces lloro cuando estoy en situación en la que tengo que hablar en público”. 
Investigadores afirman que la creencia común sobre el llanto (el llanto como catarsis saludable) es incompleta y engañosa. Una “buena panzada de llorar” puede ayudar a que la gente recupere cierto equilibrio mental tras una pérdida, y normalmente lo hace, pero no siempre y no en todos los casos, según la revista Current Directions in Psycological Science. Poner tantas expectativas en una crisis de llanto es muy probable que predisponga a la gente a una posterior confusión emocional. 
(…) a lo largo de los años, los psicólogos han confirmado muchas creencias comunes sobre el llanto. Es contagioso. Las mujeres lloran con más facilidad y más a a menudo que los hombres por motivos que probablemente son tanto bioquímicos como culturales. La experiencia física es un fiel reflejo de la psicológica: las frecuencias cardiaca y respiratoria alcanzan sus máximos durante la tormenta y van disminuyendo a medida que el cielo se despeja.
(…) la mayoría de personas insisten en que llorar les ha permitido superar una crisis, sentirse mejor e incluso pensar con más claridad sobre algo o alguien que han perdido. 
Muchos de los datos en los que se apoya esa creencia popular se basan en el pensamiento retrospectivo de la gente. Y están contaminados por las creencias sobre la función que el llanto debe desempeñar”,  según el psicólogo Johathan Rottenberg, de la Universidad de Florida. 
“con el tiempo, la gente tiende a recordar selectivamente lo mejor de sus vacaciones y olvidar los quebraderos de cabeza, el llanto puede parecer catártico visto de forma retrospectiv,  dicen los investigadores de este informe.
La función social más evidente del llanto es obtener el apoyo y la simpatía de los demás, el impacto emocional de las lágrimas depende en parte de quienes estén a su alrededor y de lo que hagan. En el libro 'Ver a través de las lágrimas: el llanto y el apego', Judith Kay Nelson, terapeuta y profesora, sostiene que la experiencia del llanto está enraizada en la primera infancia de las personas y en su relación con su cuidador principal, normalmente los progenitores. Aquellos cuyos padres eran atentos y les consolaban en su llanto cuando lo necesitaban, tienden a encontrar consuelo en el llanto también de adultos. Aquellos cuyos padres reprimían sus emociones suelen tener más dificultades para encontrar consuelo de adultos. 
“Para un niño llorar es una forma de llamar la atención del cuidador, de mantener la cercanía y de usar al cuidador para regular el estado de ánimo o los estímulos negativos”, explica Nelson. Quienes han crecido sintiéndose inseguros sobre si ese consuelo está disponible o cuando lo está, de adultos pueden quedarse atrapados en lo que Nelson llama el llanto de protesta. “No es posible superar el dolor si se está atrapado en el llanto de protesta, que solo busca que se arregle algo, que se repare la pérdida. Y en la terapia, como en las relaciones muy estrechas, es muy difícil ofrecer consuelo para el llanto de protesta porque es imposible hacer lo correcto, no se puede reparar la pérdida. Por el contrario, el llanto de tristeza es una llamada para ser reconfortado por un ser querido y es el camino hacia el afecto y al curación”. 

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