2/01/2009

Pequeño cuento de nieve sin revisar

Me levanto por la mañana y me convierto en el duende que camina; nieva, luego existo y pienso que además de no saber nada, como Sócrates, no tengo tantas cosas que hacer en este vuelo por el paisaje de la calle, excepto contemplarlo. Retorno a la luz desde el copo que cae intensamente frío, dormido, intensamente despierto pero que emerge desde lo más profundo de la densidad atmosférica. Mientras leo los periódicos del día y escucho la música del iPod, ¡qué moderno suena esto del iPod! ¿verdad? Pero es un gozo disfrutar de toda la música que cabe en su memoria, ¡Ojalá cupiese tanta en la mía!, aunque sí, creo que sí que cabe tanta memoria, y más si cabe aún, y recuerdos… 
En otros tiempos hubiese disfrutado tal cual niño de la nieve rodando con las botas, dejando las huellas en las pisadas de una talla inferior a la que hoy visten mis pies grandes. Era una escuela de pueblo. Salir de clase suponía resbalar por la inclinada cuesta que ascendía al interior. El maestro sembraba de leña la estufa con la que calentarnos los pies y las manos al mismo tiempo que explicaba la geografía o la historia. Yo escribía con el lápiz y calentaba mis dedos con el vaho que salía de mi boca para poder hacerlo, de vez en cuando jugaba con él al tiempo que deslizaba las hojas de mi cuaderno llenas de garabatos y caligrafía bien cuidada. En fin, solo era un sueño… (por Balka Reporter)

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