1/26/2009

Kent Follet: "Se puede ser malvado por cruel, por ambicioso, pero también por estar lleno de odio interior"


Barcelona, 25 ene. La Vanguardia.- En 1999, diez años después de publicar Los pilares de la Tierra, Ken Follett escribió una breve introducción para una nueva edición de la novela que lleva vendidos cinco millones de ejemplares. En esa introducción decía que no creía en Dios y que, en opinión de su agente, tenía el defecto, como escritor, de ser un hombre sin espíritu atormentado.

Diez años después de escribir esa introducción, veinte años después de haber escrito Los pilares de la Tierra, Ken Follett bebe pausadamente un trago de agua y se reafirma en aquellas palabras mientras espera que llegue la hora de firmar ejemplares de Un mundo sin fin, del que lleva vendidos más de millón y medio de ejemplares en castellano.

No parece que el éxito y la popularidad se le hayan subido a la cabeza tras haber conseguido triunfar con sus historias de la edad media construidas a partir de varios personajes centrales que, a lo largo de las más de mil páginas de cada uno de los dos libros, entrecruzan sus vidas en un periodo medieval muy documentado. Las novelas de Ken Follett abarcan varias décadas de las vidas de los personajes en las que se mezclan la fe religiosa que levanta catedrales e iglesias junto al sexo y el comercio; la violencia, el amor y las guerras; las revoluciones, la peste negra y esbozos de pequeños detalles que enriquecen la historia, las anécdotas de vida cotidiana, como el remedio de la miel como antiséptico.

En la entrevista de La Vanguardia, Follet describe la maldad en sus novelas: "A través de personajes complejos que con sus conductas nos van revelando diversas manifestaciones que podríamos definir como propias de unos malvados: se puede ser malvado por ser egoísta, por cruel, por ambicioso y también se puede ser malvado por indolencia o por estar lleno de odio en tu interior. Un debate interesante el de la maldad. Sería inacabable".

Ken Follett no cree en Dios, pero la penumbra, el silencio de las grandes iglesias cuando no hay oficios religiosos, le dan paz, serenidad, calma. Por eso trata de visitar iglesias y catedrales cuando viaja por el mundo. Cree que el misterio de por qué las grandes iglesias dan al visitante paz, calma, serenidad incluso a los que no son creyentes está relacionado con la arquitectura. Una gran iglesia casi siempre suele ser bella, y Ken Follett cree que esa belleza te hace sentir su arquitectura como en carne propia. (fuente: La Vanguardia)

No hay comentarios: