10/08/2008

¿Sabemos decir que NO?


Parece ser que en nuestra infancia alguien omitió deliberadamente enseñarnos a decir que no, aunque parece ser un problema generalizado en nuestra cultura.

Aprender a decir que no -según la técnica de coaching-
¿Por qué nos cuesta decir que no? Las razonces son varias: la búsqueda de aprobación, la preocupación por ayudar a los demás a la espera de que éstos hagan lo propio con nosotras en el futuro, la evitación de las situaciones de confrontación, etc.
No saber decir que no supone entrar en un círculo vicioso del que resulta difícil escapar. Cada vez nos comprometemos a hacer más cosas: en el trabajo, en casa, en nuestro círculo de amistades... y ello nos provoca un grado de estrés innecesario. ¿Podremos mantener todas las promesas que hemos hecho? ¿hasta cuándo vamos a poder sostener este ritmo?
La próxima vez que alguien te pida que te olvides de tus prioridades, valora el coste que esto tendrá en tu tiempo, tus proyectos e intereses personales. La mejor manera de aprender a decir "no" es empezar a practicarlo.
¿Sabemos decir que no? -el punto de vista de los psicológos-
Saber decir que no, ¿una tarea complicada? La conducta asertiva, más conocida como “saber decir que no”, se caracteriza por la expresión directa de los propios sentimientos, necesidades, derechos legítimos u opiniones sin amenazar o castigar a los demás, y sin violar sus derechos. Así, el mensaje que mandamos al otro cuando ponemos esto en práctica es: “esto es lo que yo pienso; esto es lo que yo siento; así es como veo la situación”. -

"Saber decir que no" -según la periodista Angela Becerra-
El desacuerdo dificulta el convivir, pero puede ayudar a discernir. La trayectoria de nuestra vida se mueve entre el sí y el no. Cuando quien decide somos nosotros, sí o no es la esencia y la cima de nuestra libertad; cuando nos lo impone otro, es la síntesis de su dominio sobre nuestra voluntad.
En las relaciones personales, un sí es una intención avalada por la esperanza. A primera vista parece positivo y prometedor: significa creer, quere, confiar. Un sí siempre es agradable darlo, porque une y evita el enfrentamiento.
Pero una vez disipado el destello luminoso, lo que queda es el compromiso, unas veces propio y otras, compartido. Y los compromisos son como los caracoles: para que caminen y no se escondan, tiene que haber humedad.
En el otro extremo está el no, que es serio y rasposo; es rechazar un camino porque entendemos que nos lleva a un nada de ninguna parte. Es desacuerdo y a veces ruptura. El no es mal recibido, porque separa y puede ser el germen de un enfrentamiento.
Y un día llega el gran momento; aquel en que un sí o un no lo deciden todo, porque nada hunde más vidas que cuando se confunde no por sí, o sí por no.
El afirmador compulsivo tiene un vuelo agradable pero siempre acaba estrellado. El negador honesto, sereno y solvente es un espejo con vaho; pasado el frío, en él descubrimos la realidad que no miente. (A. Becerra, ADN)

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