4/22/2008

La chica de la bicicleta

Mi escrito de hoy es solo una historia de amor… Es la historia, casi eterna, del niño del cuento que durante años y años busca la rosa más roja del jardín, corre y corre durante toda una vida y al final, cuando los luceros tiran tanto del él que tiene que luchar hasta desfallecer para no verse ahorcado contra las nubes, ve que no tiene pies, sino dos muñones malditos… En cada espina del jardín ha dejado un pedazo de carne y un pedazo de vida. Pero su carrera y su lucha no han sido inútiles. Tiene en su mano la rosa roja…

Un día, no sé muy bien si llevaba lágrimas en los ojos o alegría en el corazón, ví que una bandada de palomas blancas tapaba por completo la diminuta canastilla adonde el sol hacía sus primeras piruetas para aprender a ser hombre…Yo entretanto, seguía avanzando por el Sector Descubridores. Lo primero que descubrí fue al niño del cuento, abrazado a su rosa, y tan abrazado estaba que todo había llegado a ser la misma cosa, el niño, la rosa, sus almas, las dos ventanas de su cara que sabían llorar y que en aquellos momentos sólo vestían lágrimas de felicidad. Seguía siendo cerrada… Después miré al Cielo, la bandada de palomas estaban ya muy lejos y el sol comenzaba ya a hacerse hombre. Las historias de amor jamás tienen nombre, ni principio, ni fin, ni tampoco esas burdas fotografías, convertidas en recuerdos, casi siempre inútiles. La historia de amor, en aquel día, a aquella hora solitaria, y en una cafetería sombría, donde se había refugiado el niño con su rosa, fue algo triste y hermoso. De la inmensa bandada de palomas, no se sí porque las fuerzas le flanquearon o porque deseaba conocer al niño del cuento, cayó una de ellas que rebota que te rebota en todas las montañas de la Tierra, fue a caer junto a mí. Iba vestida de rojo, como la sangre y los volcanes, pero también como el alba en las madrugadas de primavera. Y seguía montada en su bicicleta, atravesando todos los planetas del Universo y todos los mundos desconocidos del alma humana… Era esa bicicleta voladora, que a veces encontramos en nuestras vidas. ¿Quién no ha visto esa gran película, llamada Milagro en Milán, donde millones de vagabundos maravillosos vuelan encima de escobas mágicas? Aquello fue distinto pero más hermoso.

Vicky estaba allí, envuelta en su carcajada magnifica. Los muñones del niño se habían convertido en dedos vírgenes y en plantas transparentes, sin sangre ni espinas y capaces de patinar por todas las sendas del Universo. Las calles tricantinas solo eran pistas ocupadas por miles de bicicletas mágicas… Las historias de amor siempre terminan convirtiendo las ciudades en jardines de esperanza. Ella, montada en la bicicleta más rápida de todas, seguía repartiendo ayuda, humanidad, y generosidad entre todas las personas, que desde sus puertas entreabiertas, le pedían auxilio…

Hablamos de todo, ¿lo recuerdas Vicky? De Guantánamo, esa granja inmensa, donde se selecciona con cuchillos y mosquetones, cada víctima alineada cuidadosamente en el Paredón de los Crímenes y cada verdugo disparando contra el Sol y contra el alma del mundo. Y también de tres personajes, el gran Genocida, el Consentidor, y el Comparsa, que se habían reunido en un sitio maldito, llamado las Azores, quizá para jugar al dominó, pero como quiera que habían olvidado las fichas, decidieron apelar al crimen y a la mentira para su diversión. Han sido ya un millón de muertos, pero habrás muchos más. Ya no habrá desiertos pobres en la Tierra, todos se han convertido en inmensos jardines que solo producen flores rojas y están regados de sangres inocentes. Y también hablaremos, querida Vicky, de ése Ser Universal y Cruel, que ya ha cerrado las puertas de su Cielo a la bandada de palomas inocentes mientras las abre al Gran Genocida y sus acólitos y a sus invencibles armas nucleares… También, en nuestro idioma de amor, hablaremos de mi País. Tú me dirás que los ojos de tu Presidente son azules, ardientes, y sinceros, y yo te responderé que es posible, lo ignoro, pero jamás he descubierto en él una sola mentira o una sola deslealtad. Yo te diré que amo en este mundo todo lo que representa un hombre de pequeña estatura, pero gran generosidad con el oprimido, y tu me comprenderás que lo admites, pero que tú respeto y tu credibilidad ya tiene dueño. Zapatero y Llamazares dos hombres hermosos. Tu silencio y mi silencio hablarán tan fuerte que quizá ya nunca se vuelvan a escuchar los himnos fascistas y los disparos criminales. Los pobres seguirán siendo pobres, y seguirán pagando las facturas de los ricos. Y no con dinero que no tienen, sino con sangre.

Pero ¿Qué hago, querida Vicky? Sin darme cuenta me he salido de un camino repleto de amapolas para seguir otro, inundado de zarzas. Este escrito es una historia de amor, y de repente, sin apercibirme, estoy refiriéndome a una Historia del Mundo. Perdona.

Me han contado que el niño del cuento, con su roja roja inyectada en su corazón, no ha muerto. Anda y anda por el mundo, saltando con la agilidad del saltamontes, de país en país, y repartiendo lágrimas con la generosidad de un clavel triste, a todos los que sufren… Y muy especialmente a los que lo hacen por amor.

En cuanto al hada que monta y vuela en su bicicleta mágica, hay quien cuenta que se la suele ver por la noche, siempre en la puerta de quien la necesita, y por el día busca con ilusión los árboles porque los ama, especialmente a los almendros, para esconderse y cuando ya ha conseguido ocultarse entre sus ramas, se queda durante muchas horas en silencio, añorando y pensando en su nuevo amor. Porque la chica de la bicicleta está enamorada.

Aunque…tampoco hay que hacer mucho caso. Podrían incluso, ser sólo rumores.
-Jesús Rodríguez de la Loma-

No hay comentarios: