2/18/2008

'Un año más de lágrimas y risas' Por Jesús Rodríguez

Un año más de lágrimas y risas (Opinión)

Un año más, y el mundo sigue sin gustarme. El año próximo, si antes no apruebo mi licenciatura de pájaro y aprendo a volar, veré como el mundo cumple un nuevo año, y aún me gustará menos...Posiblemente, comenzarán a enfermar y a morir todas las flores que no tengan color rojo. No habrá agua para ellas, como no la hay para mil millones de seres humanos, (hermanos nuestros según los cuentacuentos de fantasías y religiones) que ni siquiera podrán humedecerse los labios ni refrescarse sus rebeldías. Las flores tendrán que ser rojas forzosamente, porque mientras el mundo se seca de agua, saldrá barato regarlas con sangre. El plazo dará igual, la sangre alcanzará un precio de saldo, porque no hay un solo día que no se multipliquen por diez las multinacionales fabricantes de sangre. Llegará a ser un artículo de primera necesidad para todos los grandes Genocidas de la Tierra. Un pétalo, una raíz y hasta una montaña tendrán el color rojo pero ¡que importará...! Sólo tendremos que extender la mirada para sentir nuestros ojos llenos de sangre, cuando contemplemos como todos los amres y océanos de la Tierra van perdiendo su color azul y enrojeciendo como si una maldita maldición los hubiera prendido fuego.

AMAR A UN RUISEÑOR
Pero al mismo tiempo en que las alas de los muertos manchan de sangre las estrellas y los luceros, tengo la sensación de que en alguna ocasión podré recordar mis risas olvidadas, mis sueños, y esos minutos de madrugada, que asomado a mi ventana, han hecho que me convierta en un viejo amigo de un sol que no quema y de unos copos de nieve que solo acarician. Ayer el alba me sorprendió indefenso, traspasándome le corazón y los ojos con ese puñal que nunca mata, que no es de oro ni de plata, sólo de escarcha, y que lo único que hace es herirte los recuerdos grabándotelos en vivo para que nunca se te borren de la memoria...Me hizo una herida, pero no de sangre, sólo de risas y alguna que otra lagrimilla. Había una fila de golondrinas, como cada mañana, todas ellas alineadas matemáticamente en un cable de luz. Temblaban y sus alas estaban repletas de hielo. Y junto a ellas, suspendido en el aire como si estuviese colgado de un almendro invisible, un ruiseñor les contaba a las golondrinas que venía de vender su voz y con el importe de su venta, había comprado docena de jerséys diminutos para que no volvieran a tener frío. He llegado a amar tanto a éste ruiseñor que he tenido deseos de cazarle, de besarle mucho, y de acariciarle y mimarle para siempre. Pero no..., la única de sus canciones que no ha vendido y jamás venderá se llama Libertad, y por eso es la única que canta continuamente. Le conocí hace poco tiempo y hasta es posible que no le vea más, pero se ha hecho tan necesario su recuerdo para mi que creo que si algún día vuela a otros mundos, hasta es posible que recorra la Tierra buscándole en todas las palmeras que en vez de hojas tengan estrellas y en todas las tumbas repletas de rosas. Vicky, cuando a las seis de la mañana sales de tu casa a cuidar enfermos hasta las doce de la noche, quiero que sepas que te contemplo desde mi ventana. Por favor mañana mira hacia arriba, te estaré mirando porque tengo la incorregible costumbre de amar a todos los ruiseñores que venden su voz para regalar abrigos a las golondrinas. Total, lo más que te puede ocurrir es que te manche la mirada de escarcha.
Aunque se me siguen enrojeciendo los ojos al ver la proliferación de tantas fábricas de sangre, me parece observar como la magia de un ruiseñor ha conseguido azulear ligeramente todos los horizontes de la Tierra. Mañana estaré a la misma hora del alba en la ventana. Me emocionará ver como el ruiseñor descubre nuevas golondrinas heladas, y ya sin voz, no tendrá otro remedio que vender sus alas para comprar mantas con que mitigar el frío... Olvidaré el mundo que no me gusta y esperaré cada madrugada como si fuera la última. Seré feliz al saber que no podrás volar y por tanto mientras vivas, tendrás que permanecer cada mañana al alba, bajo mi ventana.
Este año ha sido cruel, pero hoy me siento generoso y gratuitamente les daré un consejo. Señores exploradores del mundo, quemen sus malditas palmeras que solo producen monedas de oro, y que sólo crecen, no con agua, sino con sudor obrero. Después, conozcan un ruiseñor, ámenle y serán felices. Se lo prometo, lo serán.

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